En una consulta reciente pude tratar con E. la dependencia, el “enganche” emocional con el otro para poder ir tirando.

E. es una mujer vigorosa en su coraza externa pero tremendamente hueca en su interior, un pozo sin fondo de vacío. Toda su energía está al servicio de un carácter amable, risueño y gentil, estrategia caracterial para que el otro se arrime fácilmente.
Por supuesto, atrae al resto de gente pero a costa de interpretar un papel emocional y energético.

Sin embargo, es una energía desde su carácter, o su Ego si lo prefieres. No es una energía conectada con su esencia, o su Ser.
Por tanto, cualquier movimiento interior o físico que realiza acaba desgastándola y fatigándola, pues la energía es desorganizada, caracterial.

En su cuerpo se refleja con un pecho poco desarrollado, juvenil, apenas respira, está apagado. Hay una fuerte tensión en la nuca y la garganta, que separan la cabeza del resto. Su cabeza domina y controla todo, desde la desconexión con ése vacío. El rostro refleja una fuerte tensión, especialmente en los ojos y la mandíbula, que no permite el contacto con su dolor. Las piernas, fuertes en apariencia, están estancadas, no la sostienen.

Durante diferentes sesiones E. y yo exploramos este cuerpo estructurado en una coraza resistente que alberga un vacío existencial.
Y con este recorrido aparece la figura de un padre ausente, que dejó a E. en un lugar vulnerable y doloroso. Sin embargo, E. se identificó con la figura de la madre (en conflicto con el padre) y no pudo permitirse exteriorizar su dolor. Construyó su coraza basada en la negación.

Me sigue llamando la atención cómo estas dinámicas relacionales provocan tal impacto a nivel interior que los cuerpos se organizan para protegerse de aquéllas emociones que son intolerables, empleando tensiones musculares que retienen e inhiben la expresión natural de dichas emociones.

Lo sorprendente de todo esto es cómo, irremediablemente, se manifiesta la dependencia. Aquélla que no pudo cubrir orgánicamente en su juventud. Buscando desesperadamente en todos los demás el afecto que su padre no pudo darle y que és carencia ha provocado el sentimiento de vacío. Nadie podrá llenar tal vacío, tan sólo ella misma.

E. está en el proceso de cambio, comprendiendo mental, emocional y físicamene, que su dolor, su herida juvenil, sólo puede ser sanada por su propio afecto a sí misma, desarrollando aptitudes que la sostengan y desde un abordaje que incluye lo corporal:

  • arraigándose en sus piernas para sentir que puede sostenerse por sí misma pese a las experiencias internas de carencia,
  • liberando su cuello y cabeza del control que intenta separar intelecto de emoción para no sentir el dolor emocional,
  • aprendiendo a respirar en su pecho para poder llenarse de su propio afecto y para relacionarse con el otro desde su integridad corporal y afectiva.

Es un recorrido apasionante, más aún cuando damos sentido a nuestro dolor y podemos, por fin, sanar nuestras heridas.
Y quiero agradecer a E. su entrega, es un honor para mí poder acompañarla en su recorrido.